Se presenta como defensor de la niñez, pero Tomás Zambrano, a los 27 años de edad, estando casado, embarazó a una menor de 16 años, quien dio a luz a los 17
Por Reportar Sin Miedo
Tegucigalpa, Honduras. El diputado Tomás Zambrano alza la voz en el Congreso hondureño. Su discurso suena fuerte cuando habla de «defender la familia» y combatir la «agenda woke». Se presenta como el guardián de los valores cristianos. Pero hay una historia detrás de este político que pocos conocen y callan.
Mientras Zambrano pronuncia sus discursos, Honduras enfrenta una realidad escalofriante. Nuestro país tiene la tasa más alta de embarazo adolescente en América Latina: 97 de cada mil jóvenes entre 15 y 19 años son madres. No es solo un número. Supera el promedio regional y refleja una crisis que destroza vidas.

La contradicción hecha persona
En este contexto de emergencia nacional, la historia de Tomás Zambrano resulta particularmente reveladora. Todo comenzó en 2007, cuando el diputado tenía 27 años. Fuera de su matrimonio mantuvo una relación con una joven de 16, cuya identidad protegemos. El resultado fue un embarazo que cambiaría su vida para siempre. Ella dio a luz a los 17, mientras Zambrano continuaba con su vida política.
Lo paradójico surge años después. El mismo hombre que embarazó a una adolescente se convierte en el más férreo opositor a leyes que buscan prevenir el embarazo infantil. Zambrano se manifiesta junto al grupo Por Mis Hijos y viaja por el mundo promoviendo su agenda «pro vida» mientras en Honduras miles de niñas ven sus sueños truncados por embarazos forzados.


Reportar Sin Miedo envió una lista de preguntas al diputado del Partido Nacional a través de su Whatsapp personal y sus redes sociales, hasta la fecha no ha visto el mensaje.

LOS AMIGOS DE ZAMBRANO. El diputado nacionalista Tomás Zambrano con el actor y activista pro vida Eduardo Verastegui.

Las mentiras como estrategia
Sus métodos incluyen el engaño. En 2025, afirmó que el Tercer Protocolo Facultativo permitía a los niños «cambiar de sexo», provocando pánico en la población. La mentira fue tan evidente que el propio presidente del Congreso, Luis Redondo, lo desmintió públicamente: «Tomás Zambrano mintió».
Mientras tanto, la verdadera función del Protocolo ᅳpermitir que niñas y niños hondureños denuncien violaciones graves de sus derechos humanosᅳ queda enterrada bajo tanta desinformación.
Carrera internacional, doble moral local
La carrera internacional de Zambrano crece al ritmo de sus contradicciones. Lo nombraron vicepresidente de la Unión Iberoamericana de Parlamentarios Cristianos en 2023 y viajó a Madrid en 2025 para reunirse con grupos conservadores europeos. Allí habló de «la reconquista de los valores», mientras en Honduras su pasado es sombrío y las niñas continúan muriendo en partos precoces.
Las preguntas incómodas persisten: ¿cómo puede un hombre con estas acusaciones decidir sobre leyes que protegen a niñas y adolescentes? ¿Por qué el Congreso y la sociedad hondureña permiten que quien embarazó a una menor sea portavoz de la «defensa de la familia», mientras cada año mil niñas menores de 14 años se convierten en madres?

El caso Zambrano refleja una triste realidad en Honduras: la bandera «pro vida» puede convertirse en un escudo para encubrir abusos, mientras las verdaderas víctimas ᅳniñas y adolescentesᅳ esperan justicia que nunca llega.
Al final, la historia se reduce a una simple contradicción: quien más grita sobre valores morales no siempre los practica. Mientras tanto, la niñez hondureña sigue esperando protección real en un país donde ser niña significa enfrentar peligros mortales desde la cuna.
La tragedia silenciosa
Cada año, más de mil niñas menores de 14 años dan a luz en el país. Muchos de estos casos son consecuencia de violaciones, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Como reveló una investigación de Reportar Sin Miedo, muchas de estas niñas ocultan sus embarazos por miedo a ser encarceladas si abortan, enfrentando solas riesgos mortales en silencio.
Las consecuencias son letales: las jóvenes de 15 a 19 años tienen el doble de probabilidades de morir durante el parto que las mujeres mayores de 20. Cuando hablamos de niñas entre 10 y 14 años, el peligro es cinco veces mayor.
El poder religioso y su sombra
Este drama se desarrolla en un país donde el 44% de la población se identifica como evangélica, el porcentaje más alto de Centroamérica, según CID Gallup. Mientras el catolicismo representa el 36% de los hondureños, el ambiente cargado de religión ha creado el caldo de cultivo perfecto para que líderes religiosos manipulen a la población.
Como señaló la defensora de derechos humanos Ana Ruth Cárcamo: «La feligresía los ve como figuras a través de las cuales Dios habla, llevando a la manipulación». Esta influencia explica cómo casos de «pastores violadores» pueden permanecer ocultos bajo un manto de impunidad “divina”.



