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Cinco claves de la obsesión de Trump con Groenlandia

Una Casa Blanca que no descarta la fuerza contra un aliado de la OTAN fractura los principios fundamentales del orden […]

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Una Casa Blanca que no descarta la fuerza contra un aliado de la OTAN fractura los principios fundamentales del orden occidental y redefine qué vale una amenaza

Por Redacción de RSM

Washington, Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reavivado y escalado su deseo de adquirir Groenlandia. Insiste en que es vital para la «seguridad nacional» y, de manera crucial, sin descartar el uso de la fuerza militar contra Dinamarca, un aliado fundador de la OTAN. Su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, afirmó que «todas las opciones están sobre la mesa». Además la funcionaria afirmó que Trump primero buscó la «diplomacia» con Venezuela antes de ordenar la captura de Nicolás Maduro. 

Esta amenaza ha forzado una reacción histórica. Los líderes de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España y Polonia se unieron a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en una declaración conjunta sin precedentes. Defendieron que «Groenlandia pertenece a su pueblo» y que cualquier acción debe respetar la «soberanía e inviolabilidad de las fronteras». Mientras tanto, el asesor Stephen Miller justificó la ambición apelando a que el mundo se rige por «las leyes de hierro» del poder.

La crisis por Groenlandia trasciende una mera excentricidad presidencial. Es un punto de inflexión que expone las tensiones estructurales de la política exterior de Trump y sus implicaciones globales.

GROENLANDIA. La bandera estadounidense en la representación diplomática de Estados Unidos en Nuuk, capital de Groenlandia.

1. La ruptura del tabú de la OTAN: de la alianza a la amenaza

Por primera vez, la administración de un país miembro de la OTAN no descarta el uso de la fuerza contra otro miembro. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que tal acto «significaría el fin de la OTAN».

La alianza se fundó en la defensa colectiva contra amenazas externas, no en gestionar la agresión entre sus miembros. Este episodio cuestiona la viabilidad futura de la alianza si su principal potencia militar puede convertirse en una fuente de coerción.

2. La erosión del orden basado en reglas: del derecho a la fuerza bruta

La narrativa de la Casa Blanca y figuras como Stephen Miller—quien declaró que el mundo está «gobernado por la fuerza»—es un rechazo explícito al orden internacional basado en la Carta de la ONU. La declaración conjunta europea fue una defensa explícita de esos principios. 

El conflicto no es solo territorial. ¿Puede un Estado redibujar fronteras por ambición estratégica y poder abrumador, o prevalecen la soberanía y la autodeterminación?

3. El peligroso precedente venezolano aplicado a aliados

Leavitt usó explícitamente a Venezuela como justificación: Trump intentó la diplomacia primero, luego usó la fuerza. 

Al aplicar esa misma lógica a Groenlandia, la administración está normalizando un manual de intervencionismo que no distingue entre regímenes adversarios y democracias aliadas. Esto pone a cualquier país con recursos que Trump codicie en un mapa de riesgo radicalmente nuevo.

4. La verdadera apuesta: la gran partida geopolítica por el Ártico

El interés no es caprichoso. Groenlandia es un nodo geoestratégico crucial en la competencia por el Ártico, una región rica en recursos (minerales de tierras raras, petróleo, gas) y con rutas marítimas cada vez más navegables. La base aérea de Thule, de Estados Unidos, ya está allí. 

El control de la isla otorgaría una ventaja decisiva frente a Rusia y China en la «nueva frontera» global. Trump, al hablar de «barcos rusos y chinos por todas partes», aunque inexacto, revela este juego de poder subyacente.

5. La parálisis republicana y la resistencia bipartidista inusual

Aunque los republicanos en el Congreso han avalado gran parte de la agenda de Trump, este tema ha generado una rara fisura. 

Senadores clave como Jeanne Shaheen (demócrata) y Thom Tillis (republicano) emitieron una declaración conjunta instando a respetar la soberanía danesa. 

Esto indica que cruzar la línea de amenazar militarmente a un aliado cercano puede ser el límite que active un contrapeso político interno, debilitando la posición de Trump.

Trump y el desprecio por el derecho

En conclusión, la «cuestión groenlandesa» es el crisol donde se funden los elementos más disruptivos de la política de Trump: el desprecio por las alianzas tradicionales, la sustitución del derecho internacional por la lógica de la fuerza, la instrumentalización de la política exterior para ganancia estratégica y nacionalista, y la creencia en un poder ejecutivo sin límites. 

Profundizar en este caso no es analizar un capricho, sino observar en tiempo real cómo se prueban y posiblemente se rompen los principios que han organizado el mundo occidental desde la Segunda Guerra Mundial. El resultado redefinirá no solo el mapa del Ártico, sino los límites de lo aceptable en las relaciones entre naciones.

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