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Violencia vicaria en primera plana: el caso de Isabel Albaladejo y el impacto de la pornomiseria

A pesar de que algunos medios de comunicación en Colombia y Honduras han afirmado y repetido, sin verificar, que existen […]

Isabel Albaladejo en un evento de la ONU en Honduras.

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A pesar de que algunos medios de comunicación en Colombia y Honduras han afirmado y repetido, sin verificar, que existen denuncias en contra Isabel Albaladejo, alta comisionada de los Derechos Humanos en Honduras, hemos podido confirmar, a través de diversas fuentes y métodos de verificación, que dichas denuncias no existen. Estas afirmaciones carecen de fundamento y parecen formar parte de una campaña de desinformación destinada a desacreditar su labor y su imagen

Por Dunia Orellana

Tegucigalpa, Honduras. En enero de este año, Juan Manuel Rojas, exesposo de Isabel Albaladejo, representante de la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos para Honduras, fue detenido en Colombia por violencia intrafamiliar. Honduras solicitó su extradición por el mismo delito. Lo que debería ser un caso claro de justicia y protección para las víctimas se ha convertido en un circo mediático primero en Colombia y ahora en Honduras que no solo viola los derechos de los niños involucrados, sino que también expone la crueldad de la violencia vicaria y la manipulación de la opinión pública.

📰 La pornomiseria: Cuando el dolor ajeno se convierte en espectáculo 📰

El término pornomiseria surgió en Colombia en la década de 1970 para describir un género cinematográfico que explotaba la pobreza y el sufrimiento de las comunidades marginadas con fines comerciales. Hoy, este concepto se ha extendido a los medios de comunicación, donde se utiliza para referirse a la explotación sensacionalista del dolor ajeno con el fin de generar audiencia y morbo.

En el caso de Isabel Albaladejo, los medios colombianos y ahora hondureños que solo repiten han caído en esta práctica al convertir el dolor de una familia en un espectáculo público. Han expuesto detalles íntimos de los niños, violando su derecho a la privacidad y alimentando narrativas que buscan culpar a la madre y justificar las acciones del padre. Esta explotación mediática no solo revictimiza a Isabel y a sus hijos, sino que también normaliza la violencia vicaria y perpetúa estereotipos dañinos.

Un llamado urgente a la responsabilidad mediática

Alexandra Correa, periodista colombiana de DW y defensora de los derechos de la infancia, ha alzado su voz para denunciar este caso con firmeza: «Soy Alexandra Correa, defensora de los derechos de la infancia y no voy a callarme en el caso de Isabel Albaladejo. Su caso tiene todos los elementos de violencia intrafamiliar, violencia institucional, violencia mediática. Hago un llamado urgente a los medios de comunicación a no exponer más a los niños, a no revelar intimidades de unos menores de edad que no tienen la culpa, que no tienen voz y no tienen voto».

Correa también señala la desproporción en el tratamiento mediático del caso: «A la señora Isabel no la han entrevistado, por ende no saquen la información a medias. Ella simplemente no va a salir a los medios de comunicación porque ella debe proteger y velar por el derecho superior de la infancia y más aún cuando se trata de sus hijos menores de edad. Por el contrario, veo que los medios de comunicación sí le dieron micrófono amplio y suficiente a un presunto agresor intrafamiliar que está preso desde enero de este año».

El historial de violencia de Juan Manuel Rojas

El caso de Juan Manuel Rojas no es aislado. Según Correa, «el señor Rojas tiene procesos por violencia desde el año 2023, cuatro ante la Fiscalía de Colombia por violencia intrafamiliar agravada contra la señora Isabel Albaladejo y sus hijos, una condena en comisaría por violencia contra los menores de edad, una orden de captura internacional y, aún así, los medios de comunicación le dan micrófono para seguir violentando».

Esta situación no solo refleja la impunidad que rodea a los agresores, sino también la complicidad de un sistema mediático que prioriza el sensacionalismo sobre la justicia. «¿Se dan cuenta? Vivimos en un país poco garante de los derechos humanos de mujeres y de niños», denuncia Correa con indignación.

Según fuentes cercanas a la familia, Isabel Albaladejo y su hijo pasaron unos días en Colombia, donde Rojas secuestró al niño hasta que este fue rescatado en un operativo del comando antisecuestros. Las fuentes señalan que Juan Manuel Rojas tiene cuatro denuncias por violencia intrafamiliar y su familia ha sido denunciada por secuestro en el país.

Las personas cercanas a la familia afirman que lo que le está sucediendo a Albaladejo “es algo atroz”. Al mismo tiempo solicitaron proteger a los niños, ya que fue la familia paterna quien usó sus contactos, “y el hermano de él [Rojas] porque es militar”, para intentar desprestigiar a Albaladejo, pues “no han podido quitarle la custodia por medios legales”.

De hecho, las fuentes citaron el artículo 110 del Código de Infancia y Adolescencia, el cual establece que un niño puede salir de Colombia sin necesidad de autorización judicial cuando lleva más de un año residiendo fuera de Colombia, y ese es el caso del hijo de Isabel Albaladejo.

El apoyo a Isabel Albaladejo y las campañas de odio

Isabel Albaladejo no está sola en esta lucha. Ha recibido el respaldo de organizaciones hondureñas e internacionales que defienden los derechos humanos y la protección de la infancia. Sin embargo, las campañas de desprestigio en su contra no cesan. Según investigaciones de Reportar Sin Miedo, muchas de las cuentas que difunden mensajes de odio hacia Isabel son bots, diseñados para manipular la opinión pública y desacreditar su labor. Estas mismas tácticas se han utilizado en el pasado contra otras figuras defensoras de derechos humanos, como las hijas de Berta Cáceres, los defensores de Guapinol y otros activistas.

Estas campañas de odio, orquestadas y amplificadas por cuentas falsas, buscan silenciar a quienes luchan por la justicia y la dignidad. No son solo ataques a individuos, sino intentos de desestabilizar movimientos sociales y debilitar la defensa de los derechos humanos.

Un llamado a la empatía y la acción

Este caso no solo debe ser un recordatorio de la importancia de proteger a las víctimas de violencia intrafamiliar, sino también una alerta sobre el papel de los medios de comunicación. Informar no es sinónimo de explotar. La ética periodística debe prevalecer sobre el rating, y el respeto a los derechos humanos debe ser la brújula que guíe cada historia publicada.

Isabel Albaladejo y sus hijos merecen justicia, pero también merecen dignidad. No podemos permitir que el dolor de una familia se convierta en un espectáculo público. No podemos normalizar la violencia vicaria ni permitir que los medios se conviertan en cómplices de esta crueldad.

Leer: Isabel Albaladejo no está sola

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