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El abrazo del verdugo en Mar-a-Lago: «Papi» da la mano a Trump, el mejor amigo de Epstein

Honduras no necesita caprichos geopolíticos, lo que necesita es dignidad

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Por Dunia Orellana

Tegucigalpa, Honduras. Aquí no hay diplomacia. Lo que hay es cinismo puro, duro y brutal.

Mientras lees esto, un avión cargado de migrantes hondureños deportados aterriza en San Pedro Sula. Fueron 42,087 solo en 2025. Y en 2026, un promedio de tres aviones a la semana dejan en Honduras su carga de familias rotas y sueños triturados en una bolsa de deportación. Es la crónica de un desangramiento nacional.

Al mismo tiempo, en el paraíso de mármol dorado de Mar-a-Lago, Florida, el presidente de Honduras, Nasry “Papi” Asfura, abraza al que firmó esos miles de deportaciones: Donald Trump. El hombre que, según incontables testimonios y registros, fue anfitrión y “mejor amigo” del depredador sexual Jeffrey Epstein en ese mismo retiro. El mismo Trump que, en una publicación en su red social tras reunirse con Papi, llamó “mi amigo” al mandatario hondureño. Ni las repeticiones ni el escenario son pura casualidad. Son guiños maléficos.

La foto que grita. Imagínate el cuadro. “Papi” Asfura, el del triunfo electoral envuelto en denuncias de fraude, el que carga con acusaciones de corrupción, posa sonriente en medio de la decadencia y el abuso de poder. No fue a pedir ayuda para los 42,087 deportados. En realidad fue a “alinear criterios geopolíticos” y a recibir el visto bueno del patrón. De hecho, Papi ha hecho tan bien la tarea que el “maestro” Trump lo felicitó por trabajar con él para deportar “a inmigrantes ilegales y pandilleros de Estados Unidos”.

El mensaje de Asfura en X antes del encuentro –“¡Honduras, vamos a estar bien!”– tiene el sonido chirriante de una burla cruel. ¿Es que van a estar bien los miles de retornados a la violencia y la miseria? ¿O solo va a estar bien la nueva alianza con el verdugo de esos migrantes? Tras el encuentro, Asfura salió con el clásico premio de consolación para países sometidos: la promesa de que “Estados Unidos apoyará fuertes inversiones privadas”. El intercambio es obsceno: la soberanía a cambio de negocios.

MAR-A-LAGO. El presidente de Honduras, Nasry Asfura, en amena plática con el mandatario de EUA, Donald Trump, durante la reunión de hoy.

En cuanto al “mejor amigo” de Trump, Jeffrey Epstein, sus archivos pintan a Honduras como un paraíso de caza para depredadores. Investigaciones de medios como en Altavoz, Reporteros de Investigación, Reportar Sin Miedo y Zebra News revelan que el país se menciona 164 veces en los documentos. Un testimonio clave ante el FBI describe el hallazgo en México de 10,000 videos con menores de Honduras y la región, material vinculado a la red de Epstein. Esta maquinaria de abuso coincidió con una epidemia local: casi 10,000 desapariciones en una década, un tercio de ellas niños y niñas. Para esa red, Honduras fue un territorio de impunidad.

Pero el interés de Epstein también fue experimental. Correos de 2016 muestran que el investigador de Yale, Nicholas Christakis, le habló de un «gran experimento en Honduras». Este proyecto fue financiado en parte por la Fundación Gates, que por años manipuló redes sociales en comunidades pobres de Copán para cambiar comportamientos. Así, el país tuvo doble utilidad como territorio de abuso y laboratorio social para agendas ajenas. De esta manera se expuso cómo su vulnerabilidad se convirtió en mercancía para los poderosos globales.

ÍNTIMOS. El presidente estadounidense Donald Trump junto a su «mejor amigo» Jeffrey Epstein.

Papi da la mano al verdugo de Gaza  

El cinismo no termina en Florida, en la casa del amigo de Epstein. El 18 de enero, Asfura voló directo a Jerusalén, donde Benjamín Netanyahu lo recibió como a un héroe. A  los dos se les borró de la mente que el gobierno del israelí enfrenta acusaciones de crímenes de guerra en Gaza. “Usted es un líder con firmes convicciones”, le dijo Netanyahu. ¿Se refería tal vez a que la convicción es servir de peón en el tablero de los poderosos?

Es la quinta contradicción hondureña, descarnada, como escribió Radio Progreso: unas pocas familias de origen palestino en Honduras, que llegaron como víctimas históricas, se han convertido desde el poder en opresores del pueblo que las acogió. Y ahora su representante político abraza al líder que ordena el bombardeo sobre Gaza. Las víctimas de ayer son los victimarios de hoy. El círculo de la hipocresía se cierra.

CINISMO. Papi Asfura saluda emocionado al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Foto: redes

Tan escandaloso es el acto que las familias Asfura en Chile elevaron la voz para expresar un “categórico rechazo” y clamar que la conducta de su pariente es “moralmente inaceptable”. Cuando tu propio linaje te repudia por traicionar la causa de tu pueblo, has tocado fondo.

Honduras, una colonia de lujo. El plan de Trump es claro. Busca desplazar de Honduras a “Rusia, China, Irán, Hamas y Hezbollah” –su lista de enemigos– y colonizar el país bajo la esfera estadounidense. Asfura no llega a negociar como un igual, sino a recibir órdenes. Washington “apuesta” por él como si fuera un caballo de carreras. Es un instrumento, no un aliado.

Expertos como WOLA advierten que el gobierno de Asfura nace con legitimidad cuestionada, bajo la sombra de la intervención extranjera y de intereses privados que capturan a las instituciones. Su estabilidad será, en el mejor de los casos, “frágil y condicionada”. Condicionada a servir.

Este no es un artículo sobre política exterior, sino una denuncia.

  • Es la imagen de un presidente hondureño brindando con el amigo de un depredador sexual en el lugar de sus fiestas.
  • Es la imagen de un líder que sonríe junto al doble verdugo de su gente: el de los migrantes y el de Gaza.
  • Es la traición geopolítica y moral vendida como “inversión” y “un buen día para Honduras”.

Mientras “Papi” negocia en Mar-a-Lago, Honduras se desangra por la migración forzada y se ahoga en la impunidad y la continuidad de las ZEDE. Ese apretón de manos con Trump no es un triunfo diplomático.

Es la foto del funeral de nuestra soberanía.

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