Cortesía de InnContext
San Pedro Sula, Honduras. Un estudio basado en casi 13,000 encuestas a conductores de Uber en América Latina y el Caribe ofrece una radiografía del trabajo en plataformas en la región. El informe, elaborado por Uber junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), muestra que la mayoría de quienes manejan para la aplicación son hombres de poco más de 40 años y que más de la mitad cuenta con educación terciaria o universitaria.
La investigación incluyó respuestas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y México.
El estudio indica que para muchos conductores esta actividad no constituye su ocupación principal, sino una alternativa para complementar ingresos o atravesar períodos de inestabilidad laboral. Alrededor del 8% de los encuestados son migrantes, aunque en algunos países la proporción es mayor.
En Chile, por ejemplo, casi el 30% de los conductores proviene del extranjero, lo que sugiere que las plataformas pueden funcionar como una puerta de acceso rápida al mercado laboral.

No lo cambian por un salario
La flexibilidad aparece como el principal atractivo del trabajo en plataformas. La mayoría de los conductores trabaja entre 10 y 30 horas semanales y combina esta actividad con otros empleos o responsabilidades.
Por otra parte, casi la mitad afirmó que no cambiaría el trabajo en plataformas por un empleo asalariado si el ingreso fuera equivalente. Esto refleja el valor que asignan a la posibilidad de decidir cuándo y cuánto trabajar.
Uber: fragilidad de ingresos
Sin embargo, los datos también muestran una situación económica frágil. Cerca de dos tercios de los conductores dependen de los ingresos generados en la plataforma para cubrir necesidades básicas. El ingreso promedio por hora ronda los siete dólares, aunque con diferencias significativas entre países.
En este contexto, conducir para una aplicación suele funcionar como un mecanismo para enfrentar períodos de desempleo, crisis económicas o necesidades inmediatas de liquidez, más que como una carrera laboral estable.
El informe también señala brechas en materia de protección social. Solo un tercio de los conductores aporta a un sistema de pensiones y muchos no cuentan con cobertura estable de salud u otros beneficios.
Frente a este panorama, los autores del estudio plantean la necesidad de avanzar hacia sistemas de protección social centrados en la persona. Además, proponen el establecimiento de beneficios portables y contribuciones flexibles que acompañen a los trabajadores a lo largo de distintos empleos y plataformas, un desafío creciente para los mercados laborales de la región.



