Honduras: una independencia de cartón y los nuevos amos de nuestra soberanía

¿Independiencia? En la farsa de la era democrática, desde el norte nos imponen gobernantes, coartando la voluntad del pueblo

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Por Kevin Contreras

Tegucigalpa, Honduras. Hoy escribo desde la rabia. Entre la tristeza y la impotencia, no sé si estas líneas tendrán repercusiones, pero yo nací en Honduras y no escribo para agradar a los nuevos amos que gobiernan mi país, ni para maquillarle la realidad a mi gente. Mientras nos amenazan desde el norte, tachándonos como un país de mierda y tratando como delincuentes a nuestros migrantes.

No podemos celebrar una independencia de cartón; una falsa utopía que se desmorona cuando vemos que Honduras sigue siendo saqueada, invadida y pisoteada por la injerencia extranjera que dicta nuestra soberanía a golpe de amenazas e intereses particulares.

Han pasado 205 años desde que supuestamente nos libramos de la corona española, pero ¿qué ha cambiado realmente? En pleno siglo XXI, bajo la farsa de la era democrática, desde el norte nos siguen imponiendo gobernantes por la fuerza, amenazando y coartando la voluntad de todo un pueblo.

Son ellos quienes, desde la comodidad de las imponentes embajadas en Tegucigalpa, dictan las leyes y privatizan nuestro patrimonio para el beneficio del capital extranjero. Lo hacen sobre la miseria y el exterminio de los más pobres; esos mismos pobres que utilizan como mano de obra barata para acumular fortunas que luego sacan de nuestras fronteras, condenando al país a no soñar jamás con el desarrollo.

¿De qué soberanía hablan si siguen convirtiendo a Honduras en una sede de pedófilos y de trata de niñas y mujeres, bajo un Estado cómplice?

¿De quién es la soberanía hondureña, del capital extranjero o de nuestra gente? Lo pregunto porque, a un día de esta «fiesta cívica», fueron a desalojar a las comunidades garífunas en Cayos Cochinos por oponerse a un reality show extranjero que sigue asesinando nuestras áreas protegidas.

Mientras tanto, a los pueblos originarios les han clavado la peor de las cadenas con la ley del sector agroindustrial, que en resumidas cuentas es despojar de sus tierras a las comunidades y criminalizarlas; como ya comenzaron la cacería con las tierras en San Juan, Tela, Atlántida.

Y ni hablar de cómo, con el nuevo auge que mantiene Israel en Latinoamérica bajo la sombra de los nuevos amos y sus gobernantes lacayos, nos quieren privatizar hasta el agua. Les recuerdo que el acceso al agua es un derecho humano y universal. ¿O es que también darán en bandeja de plata los recursos que nos dan vida, tal como hicieron con la ENEE?

No me hablen de independencia si siguen con temor a denunciar las humillaciones y las injusticias por miedo a perder su visa. Como dice la famosa canción de Los Prisioneros: «Si sueñas con Nueva York y con Europa, te quejas de nuestra gente y de su ropa (…) ¿Por qué no se van del país?». Váyanse y déjennos al resto construir patria, soberanía y la dignidad de nuestras raíces.

Porque en Honduras, los que hacemos independencia de verdad somos los grupos campesinos, los ambientalistas, las mujeres, la clase trabajadora, los defensores de derechos humanos, los periodistas honestos, los estudiantes, las disidencias y todo aquel que tenga conciencia social y un poquito de amor por su tierra. No aquellos que la entregan, sin vergüenza alguna, a los nuevos amos de nuestra soberanía.

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