Por Descubre DW
Berlín, Alemania. Cometer un error puede tener un impacto en la carrera laboral, pero también puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje. Sin embargo, estudios previos sugieren que los hombres y las mujeres no son juzgados de la misma manera cuando cometen un error.
Pero ¿qué pasa cuando las mujeres cometen un error en un ámbito laboral en el que predominan el sexo masculino?
Un estudio liderado por la London School of Economics y publicado en la revista Frontiers in Organizational Psychology analizó si el género y la proporción de hombres en el entorno laboral afectan a la percepción de los errores en el trabajo y de qué manera lo hacen.
«En teoría, un error conlleva las mismas consecuencias independientemente de quién lo cometa, y eso es precisamente lo que hemos comprobado. Pero las normas formales no son cultura», advierte Grace Lordan, autora principal del estudio.
«En equipos donde tres cuartas partes o más son hombres, las mujeres nos comentaron que se sienten menos cómodas admitiendo un error y menos seguras de que les sirva de aprendizaje. Mientras que en los lugares en los que las mujeres son mayoría, esa brecha desaparece», continúa explicando la investigadora.
Cómo influye el género en la percepción de los errores
Para llevar a cabo el análisis, el equipo encuestó a más de 1,400 empleados del sector financiero londinense, de los cuales el 81% eran mujeres.
Los resultados mostraron dos patrones consistentes: ser mujer y trabajar en un entorno laboral dominado por hombres se asociaron con una percepción más negativa de los errores.

Además, los hombres manifestaron una visión más positiva de los errores en todas las dimensiones analizadas. Por su parte, las mujeres se sentían menos cómodas admitiéndolos, eran más propensas a pensar que serían castigadas por cometerlos y estaban menos inclinadas a considerarlos oportunidades de aprendizaje.
Cuanto más masculinizado era el entorno laboral, más se acentuaban estas tendencias, advierte la investigación.
«En equipos donde más de tres cuartas partes eran hombres, las mujeres dicen estar menos cómodas: 5.46 frente a 5.94 para los hombres en las mismas condiciones, en una escala de siete puntos. Las mujeres también eran menos propensas a ver los errores como oportunidades de aprendizaje (4.20 frente a 4.54)», enfatiza Lordan.
En cambio, «en entornos con baja proporción de hombres, las opiniones de las mujeres son tan positivas como las de los hombres, o incluso ligeramente mejores». Sin embargo, la percepción de los hombres variaba muy poco independientemente del entorno laboral.
El temor a las consecuencias informales
El único aspecto en el que el equipo no encontró diferencias de género fue la expectativa de recibir una sanción. Tanto los hombres como las mujeres esperaban las mismas consecuencias oficiales ante un error equivalente.
El hecho de que las mujeres se sientan más incómodas y menos confiadas en su capacidad para aprender de los errores, aunque esperen las mismas sanciones que los hombres, demuestra que la brecha de género se encuentra en el «terreno psicológico».
Aunque ambos géneros asumen que las políticas disciplinarias formales se aplicarán por igual ante un error moderado, las mujeres sienten que se encuentran en una posición más vulnerable en términos de reputación informal. También temen que admitir un error genere prejuicios sobre su competencia o dé lugar a estigmas implícitos que afecten a su estatus profesional.
Las mujeres temen «ser percibidas como menos competentes, y que el error se use en su contra de forma no escrita», señala Lordan.
Qué pueden hacer las empresas para reducir la brecha
El estudio advierte que la falta de seguridad psicológica entre las mujeres que trabajan en entornos masculinizados puede tener repercusiones negativas para toda la empresa.
«Aprender de los errores es la base de la innovación. Si las mujeres se sienten menos libres para admitir sus equivocaciones, la organización no solo pierde confianza, sino también valiosas lecciones», advierte Lordan.

Para apoyar a las empleadas y reducir esta percepción negativa, la investigación propone, entre otras medidas, que los responsables de los equipos —especialmente los hombres que dirigen grupos predominantemente masculinos— contribuyan a cambiar el ambiente laboral mostrando transparencia sobre sus propios errores.
También sugiere que las empresas creen redes de mentoría y espacios de apoyo en los que las mujeres puedan hablar de sus equivocaciones con confianza y sin temor a ser juzgadas.



