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Cómo le robaron 20,000 lempiras de su tarjeta de débito sin que se diera cuenta

A Julián casi le dio un infarto cuando descubrió que los clonadores de tarjetas habían hecho 20,000 lempiras (casi 1,000 dólares) en compras a su nombre

Los casos de compras fraudulentas como el de Julián se multiplican en Honduras. Las mafias de clonadores de tarjetas pueden estar operando en conocidos negocios en las principales ciudades del país

Todas las historias de esta crónica son reales. Solo se cambiaron los nombres de lxs protagonistas por su seguridad

 

Trabajo conjunto realizado por Criterio, En Alta Voz, Reporteros de Investigación y Reportar sin Miedo 

 

Tegucigalpa, Honduras. María se queda boquiabierta. Cuando revisa su estado de cuenta bancario, le salen 6,500 lempiras de compras que no ha hecho.

Por más vueltas que le da, no sabe de dónde salen esos 5,500 lempiras de compras de videojuegos Garena Free Fire que nunca ha usado y 1,000 lempiras de consumo en una pizzería sampedrana donde nunca ha comido.

Las dos compras fueron hechas con la tarjeta de débito de María. No es una mujer adinerada. Que le roben 6,500 lempiras de los ahorros que tanto le cuestan no es ninguna broma para ella.

 

Los clonadores de tarjetas usan programas para robar los datos de los clientes.

 

Llama de inmediato al banco y pide que bloqueen su tarjeta. Así al menos no seguirán robándole. El banco le dice que va a investigar las compras.

María cruza los dedos. Espera que no hayan seguido comprando cosas a su nombre antes de bloquear la tarjeta.

Se quiebra la cabeza preguntándose quién tuvo acceso a sus datos. Ella jamás ha prestado ni perdido su tarjeta.

Ha oído hablar de mafias que clonan tarjetas, pero no tiene claro cómo lo hacen. Lo único diferente que ella ha hecho en los últimos meses es comprar productos en línea para evitar el contagio del coronavirus. El robo tiene que haber ocurrido en una de esas compras en línea, piensa.

“¿Quién me robó?” es una pregunta que no sólo María se hace.

A muchxs otros hondureñxs les roban sus datos. Con esa información, los ciberpiratas hacen compras a nombre de sus víctimas. Lxs especialistas en este tipo de robos se entrenan en el manejo de programas de computación con los que hackean computadoras o clonan las bandas magnéticas de las tarjetas de débito y crédito.

 

La pandemia, la mejor excusa para robar

 

Los ladrones de datos usan aparatos llamados «skimmers de bolsillo» para clonar tarjetas.

 

Los robos de identidad para hacer compras a nombre de otrxs parecen haberse multiplicado durante la pandemia de la COVID-19. Debido al confinamiento, miles de hondureñxs prefieren quedarse en casa y pedir los productos en línea.

Muchas empresas se han modernizado y ahora ofrecen servicios de entrega a domicilio y compras por medio de internet. Como María, la clientela escoge productos en las páginas web de los negocios.

Lxs clientes pagan de varias maneras. Unxs dan los datos de sus tarjetas para pagar por adelantado. Otrxs pagan en efectivo al recibir los artículos. Algunxs, como María, pagan con tarjeta cuando llegan a dejarles sus compras a casa.

María se ha convertido, de la noche a la mañana, en una detective aficionada. Con la ayuda de su sobrino de 15 años, se pone a averiguar el procedimiento que usan lxs ladrones de datos que hacen compras a nombre de sus víctimas.

María y su sobrino descubren cosas muy interesantes.

Averiguan, por ejemplo, que la clonación de la tarjeta para comprar videojuegos y comidas rápidas a nombre de María se produjo el mismo día en que ella hizo una compra de medicinas en línea a farmacia Simán, que tiene sucursales en todo el país y comenzó a operar hace más de 60 años.

De hecho, las compras fraudulentas de pizzas y videojuegos ocurrieron casi minutos después de que María adquiriera los medicamentos.

El joven motociclista que le llevó las medicinas a casa le pidió su cédula de identidad, aunque nunca antes se la habían pedido. María y su sobrino, como verdaderos Sherlock Holmes, llegaron a la conclusión de que la clonación de la tarjeta ocurrió posiblemente mientras ella iba a traer la cédula.

 

Los clonadores de tarjetas también instalan skimmers en los cajeros automáticos.

 

El procedimiento usado para clonar la tarjeta de María es conocido como “skimming”. El aparato empleado para la clonación se llama “skimmer”. El dispositivo tiene una ranura. El delincuente desliza la tarjeta de su víctima por la ranura para copiar sus datos y “pegarlos” en otra tarjeta con la que hace las compras fraudulentas.

El aparato usado para estafar a María es conocido como “skimmer de bolsillo”. Mediante este diminuto dispositivo, cualquiera puede robar nuestros datos cuando le damos la tarjeta para pagar consumos o compras.

El fraude “puede pasar en cualquier comercio mediante hábiles movimientos de mano y juegos de despiste. Imaginen lo siguiente: al pagar, el cajero comprueba que el lector no funciona, así que lo pasan por otro que, ahora sí, acepta el cargo. Podría esconder un ‘skimmer’ en el primer terminal y haber realizado la copia delante de nuestros ojos”, explica la web de BBVA.

“Llamé a la farmacia para denunciar lo sucedido”, relata María. “Me dijeron que habían tenido que contratar compañías para que repartieran los medicamentos porque no se daban abasto”.

Según el empleado que contestó la llamada de María, nadie en la farmacia conoce a las personas que trabajan para las empresas de reparto contratadas durante la emergencia. “Lo único que hicieron fue prometerme investigar mi caso”.

 

Los clonadores pueden robarnos frente a nuestros propios ojos usando skimmers de bolsillo.

 

La compra hecha por María a la farmacia es una situación ideal para el trabajo de un “skimmer”.

Una nueva llamada al banco donde María tiene su cuenta de ahorros tampoco le da resultado. “Su caso ha quedado registrado en la base de datos”, le responde un empleado bancario. “Ahora solo le queda esperar unas semanas para que el banco decida si su caso amerita la devolución del dinero”.

La espera no dura semanas, sino meses.

 

Los clientes toman el caso en sus manos

María prefiere adelantarse a las “investigaciones” del banco y de la farmacia.

Pide a la pizzería los datos de la persona que hizo a su nombre la compra de mil lempiras en comida. Días después, la pizzería le envía los datos del comprador.

El nombre del hombre que compró la comida y, según todos los indicios, también los videojuegos, es el mismo de la persona que llegó a dejarle las medicinas a María.

Pasan cinco meses desde el robo. María tiene la paciencia de una santa mientras espera que el banco tome cartas en el asunto. Pero parece que su caso no le importa a nadie. Mientras tanto, guarda celosamente las pruebas que ha encontrado. Espera no tener que usarlas en contra del banco.

Si de una cosa está segura María, es de que la culpa del robo no es suya, sino de la institución en la que ahorra su dinero. El banco tiene la culpa porque no pone en práctica protocolos de seguridad modernos que impiden los robos en línea. Tampoco toma medidas eficaces para que los hackers no roben los datos de los cuentahabientes.

Ella no ha hecho nada indebido. Sin embargo, en el transcurso de varios meses de espera, el banco la hace ir al menos diez veces a sus oficinas a rellenar documentos explicando una y otra vez su caso.

 

Un banco puede tardar meses en investigar y resolver un robo por clonación de tarjetas.

 

María no sabe cómo proceder. Contratar a un abogado no es realista. Va a gastar más dinero sin la seguridad de ganar el caso. Tiene las pruebas de que las tarjetas de débito del banco no son seguras.

En eso está cuando el banco le anuncia, cinco meses después, que su caso está “resuelto”. Le devuelven 5,000 lempiras. O sea que al final ella pierde 1,500 lempiras.

Pero algo es algo, piensa María. Otros no tienen la paciencia ni los recursos para reclamar. Y hay personas a las que seguramente no les devuelven ni un centavo.

María supone que detrás del robo de identidad o la clonación de tarjetas hay mafias que podrían ser un peligro para ella y su familia. “No estoy segura de qué clase de gente está haciendo eso. Espero que las autoridades detengan a esos delincuentes”, dice sin mucha convicción.

 

El patrón del robo

 

La clonación puede ocurrir en muchos negocios, incluyendo gasolineras y supermercados.

 

El caso de María repite un patrón que permite identificar algunos de los negocios donde se está cometiendo el robo de datos para hacer compras electrónicas a nombre de otros.

Esas compras a nombre de las víctimas podrían ser solo una pequeña parte de los delitos que las bandas de clonadores y ladrones de datos cometen a diario.

En sus investigaciones, María conoció casos de clonación de tarjetas o robo de datos cometidos en supermercados y gasolineras.

No solo María fue víctima de robo de datos en la reconocida farmacia donde compró en línea. A su primo Julián y a su amiga Ana les pasó lo mismo.

El mismo día en que Julián compra 2,000 lempiras en medicamentos en esa farmacia, le llega a su celular el mensaje de que acaban de debitarle compras con tarjeta de débito por 50 dólares hechas a una empresa llamada “Probiller.com”.

Pero él no ha hecho esa compra. Julián conoce el caso de María y de inmediato bloquea su tarjeta.

“Investigué en internet a Probiller.com. Es una empresa que maneja compras en línea para sitios de entretenimiento de adultos”, relata Julián.

Cuando llama al banco, le dicen que en los próximos días van a ‘trabajar’ en su problema. Le dan un código, pero de todas maneras le hacen el débito por los 50 dólares. “Estos días voy a sacar una nueva tarjeta y no planeo volver a comprar con tarjeta en esa farmacia”.

Ana tampoco volverá a comprar con tarjeta en la farmacia que les causó tantos problemas a Julián y María. “Me pasó casi lo mismo que a María”, relata Ana. “Compré con tarjeta de débito en la farmacia y ese mismo día me salieron 7,000 lempiras debitados a mi cuenta de ahorros por compras de videojuegos y programas de computación que yo ni siquiera conozco”.

Ante la cantidad de fraudes contra los clientes cometidos por clonadores, farmacia Simán ha tomado medidas. Desde comienzos de 2021, en algunas sucursales de la droguería han pegado carteles pidiendo a los consumidores que denuncien los fraudes.

“Línea confidencial para informar reclamos, denuncias o fraudes”, se lee en los carteles. “Si tiene conocimiento de alguna situación donde no se esté cumpliendo con los estándares de ética o integridad que son insignia de nuestro grupo, puede comunicarse al celular 3109-5380”.

 

Farmacia Simán ahora pide que los clientes denuncien a los autores de fraudes.

 

20,000 lempiras se hacen “humo”

Dicen que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar.

Díganle eso a Julián. A él si le cayó dos veces. Primero le robaron 1,000 lempiras usando su tarjeta de débito. Después le robaron 20,000.

“Cuando abrí mi cuenta en línea, vi que me habían robado 20,000 lempiras y ni cuenta me di”, cuenta Julián. “La primera vez me cayó mensaje al celular de que había gastado 1,000 lempiras, aunque no hice esa compra. La segunda vez ni mensaje me mandaron”.

Es un tremendo shock. Julián no está nadando en dinero. Cuida mucho sus gastos porque sus ingresos solo le permiten pagar lo esencial. Para él, el robo de 20,000 lempiras es casi un sinónimo de infarto.

“Ni siquiera me habían resuelto el primer caso de los 1,000 lempiras robados, aunque fui al banco a poner la queja”, dice Julián. “También cambié de tarjeta. Casi no usaba la nueva. Compraba solo en efectivo. Pero de nada me sirvió”.

Después de casi cinco meses sin la solución de ninguno de los dos casos, el banco depositó 21,000 lempiras en la cuenta de Julián un mes después del robo de los 20,000.

A María no le fue tan bien como a él. “Tuve suerte”, dice Julián. “No quiero pensar mal, pero imagino que el banco descubrió la mafia que opera dentro o que le ‘jalaron el aire’ a alguien por incompetente”.

Desde el último robo, Julián ya no usa ninguna tarjeta para hacer compras.

 

Consejos para evitar la clonación de tarjetas

 

Proteger y ocultar la clave al digitarla es uno de los consejos de los expertos.

 

  • Tener dos cuentas de banco. Tener la mayor parte de los ahorros en una de las dos cuentas, pero sin usar tarjeta para manejar ese dinero. Pasar de esa primera cuenta a la segunda cuenta pequeñas cantidades por medio de la banca en línea. De esa forma, si clonan la tarjeta, el robo no será tan grave.
  • Antes de usar el cajero electrónico, verificar que no hay aparatos extraños en el lector de tarjetas, en el teclado numérico o arriba de la pantalla.
  • Al detectar anomalías en el cajero, informar de inmediato al banco o a la policía.
  • No perder de vista las tarjetas al comprar. Verificar los datos al recibir la tarjeta.
  • No aceptar ayuda de extraños al hacer transacciones en cajeros automáticos.
  • Proteger y ocultar la clave al digitarla.
  • Al viajar, avisarle al banco para que monitoree todas las transacciones con tarjeta.
  • Al cambiar de tarjeta, pasar un imán por la cinta magnética del plástico viejo y partirlo en pedacitos.
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