En Honduras, la transfobia le negó a Dariana Güity, una mujer trans afrodescendiente, el derecho de graduarse siendo ella misma
Por Nazareth Gómez
Tegucigalpa, Honduras. Querida Nazareth del futuro:
Espero de corazón que, al leer estas palabras, el mundo que te rodea respire diferente al aire denso que hoy me indigna. Ojalá de verdad ya no tengas que ver cómo las personas son humilladas, silenciadas o invisibilizadas solo por ser quienes son.
Hoy te escribo con el puño apretado, sí, con una rabia que me quema por dentro, pero también aferrada a una chispa de esperanza. Estamos en 2025 y aquí en Honduras seguimos lidiando con una de las formas más despiadadas de violencia: la transfobia. Casos como el de Dariana Güity, una mujer trans afrodescendiente a la que le negaron el derecho de graduarse siendo ella misma. ¡Imagínate! La propia institución educativa exigiéndole vestirse como hombre para poder recibir su título.
Le arrebataron su dignidad en uno de los días más importantes de su vida, y no fue un error, no, fue una decisión fría, calculada, nacida de la transfobia más pura. Le robaron un instante que debía ser suyo, un momento de alegría y libertad plena, solo por no encajar en la camisa de fuerza de un sistema que se niega a reconocer la belleza de nuestras identidades diversas.
Esta situación se agrava al recordar que han transcurrido tres años desde que Xiomara Castro ofreció disculpas públicas por las históricas violaciones de derechos humanos contra la comunidad LGTBIQ+. A pesar de este gesto simbólico, la realidad para las personas trans en el país sigue siendo precaria. La falta de un acuerdo político entre los tres principales partidos, Nacional, Liberal y Libre, ha impedido la rectificación de derechos fundamentales en el Registro Nacional de las Personas. Esta inacción aumenta la vulnerabilidad de esta comunidad y subraya la persistencia de violencia y discriminación, evidenciando que las promesas de cambio aún no se han traducido en acciones.


Se me parte el alma al ver cómo todavía hay quienes se creen dueños de los derechos ajenos, quienes se sienten con el poder de dictaminar cómo debe vivir, vestir o llamarse otra persona. ¿Quién demonios les otorgó semejante autoridad? ¿En qué maldito momento confundimos la educación con la opresión, las normas con la violencia más cruel?
Ojalá, mi yo futura, cuando leas esto ya no tengamos que desgarrarnos la garganta pidiendo lo más básico. Que ser trans, ser diferente, no sea sinónimo de odio ni exclusión, que la felicidad no dependa del permiso mezquino de nadie. Que hayamos aprendido, como sociedad, a mirar al otro con respeto profundo y no con el dedo acusador del prejuicio.
Anhelo un futuro más humano, más justo, más libre. Y te pido, te imploro, que nunca olvides de dónde venimos porque recordar es también plantar cara, resistir con uñas y dientes. Que lo de Dariana no se repita jamás, que nadie más tenga que esconder su verdad para obtener un simple diploma, un trabajo digno, una vida que valga la pena ser vivida.
Con todo el amor que siento hoy, con el coraje intacto y con la memoria viva de quienes luchan,
Nazareth del pasado.
Ella es Dariana Guity, mujer Trans y coordinadora del Colectivo LGBTIQ, de la OFRANE. El Centro Educativo donde estudia, le a negado su derecho de reivindicar su identidad de genero, hoy que se esta graduando obligandola a vestirse como hombre. Basta de Transfobia!! pic.twitter.com/uG0b7GgMpF
— Miriam Miranda (@baraudawaguchu) April 26, 2025



