¿El amor puede sobrevivir al capitalismo y al clasismo? La comedia romántica de Celine Song, «Amores materialistas», disponible en HBO, genera un intenso debate al mostrar las sombras del mundo de las citas
Por Dunia Orellana
Tegucigalpa, Honduras. En un mundo donde las aplicaciones de citas han convertido el romance en un catálogo de especificaciones, la directora Celine Song lanza con Amores materialistas una provocación inteligente y seductora. La cinta, que sigue a una casamentera profesional (Dakota Johnson) enredada en un triángulo entre un actor sin dinero (Chris Evans) y un financiero rico (Pedro Pascal), ha reavivado una pregunta incómoda: ¿está condenado el romance heterosexual moderno?
Para la principal crítica de cine de The New York Times, Manohla Dargis, la película es «una seductora, inteligente y renovada adición a un género imposiblemente, quizá irremediablemente anticuado». En su reseña del 17 de junio de 2025, argumenta que Song «complica el género y lo actualiza» al mostrar que, para su protagonista y sus clientes, «las citas no consisten en ganadores y perdedores; son transacciones, un mercado de compradores y vendedores, y una cuestión de valor de cambio» .

El feminismo interseccional frente al clasismo
El debate dio un giro inesperado tras el estreno de la película, cuando surgieron acusaciones en redes sociales de que la cinta era broke-man propaganda (propaganda del hombre arruinado), por romantizar la elección de una pareja económicamente inestable.
La propia Celine Song respondió con contundencia. En una entrevista con Refinery29, la directora calificó estas críticas de «clasistas» y expresó: «Me decepciona mucho. Pienso que hay una confusión muy real sobre el feminismo y sobre la historia del feminismo«. Además, aclaró que este movimiento, «por su carácter interseccional, ha sido anticorporativo y anticapitalista'» .
Song defendió que su película lucha contra «la manera en que el capitalismo intenta colonizar nuestros corazones y colonizar el amor» . Asimismo, mostró su preocupación por «la manera en que hablamos de las personas pobres», remarcando con firmeza que «la pobreza no es culpa de los pobres» .

Más allá de la comedia: la sombra de la violencia
Dargis destaca que Song no teme incorporar giros oscuros que serían «impensables en las comedias románticas clásicas de Hollywood», como una subtrama sobre una agresión sexual. Si bien Dargis considera que este elemento es «más admirable por motivos políticos que por su éxito narrativo», su inclusión señala un compromiso por hablar honestamente de los riesgos que enfrentan las mujeres.
La directora, según análisis de la revista Comun, utiliza el concepto del «riesgo» en las citas, que está diferenciado por género: para los hombres es financiero, mientras que «para las mujeres el riesgo es uno de distinta naturaleza: para nosotras lo que está en juego son las implicaciones de poner el cuerpo».

¿Tener el pastel y criticarlo?
El equilibrio que busca la película es precisamente uno de sus mayores atractivos. Dargis apunta que Song «está atrapada entre dos fuerzas, a saber, su evidente afecto por la comedia romántica de la vieja escuela y su deseo de hablar honestamente sobre lo que significa ser una mujer real, pensante y con deseos —¡una persona!— en un mundo que menosprecia e infravalora a las mujeres» .
Esta tensión es, en última instancia, lo que hace a Amores materialistas tan relevante. Como concluye Dargis: «No es la única que quiere tener su pastel (de boda) y criticarlo también» . La película no ofrece respuestas fáciles, sino que refleja la compleja lucha contemporánea por conciliar el deseo amoroso con la conciencia feminista y de clase en un sistema que mercantiliza cada aspecto de nuestra vida.

Mi reflexión sobre Amores materialistas va más allá de la trama para adentrarse en un terreno incómodo pero necesario: la perpetuación de estándares de belleza inalcanzables. Si bien la película de Celine Song busca la sinceridad en su guión al criticar la mercantilización de las relaciones, incurre en una contradicción visual flagrante. En la pantalla, no vemos reflejadas personas «normales» que desafíen el canon de belleza hegemónico que la propia narrativa parece cuestionar.
Reconozco el valor de su mensaje, pero anhelo una autenticidad más radical. Es hora de que Hollywood, una industria que se debate entre la innovación y la irrelevancia por su falta de originalidad, abrace de una vez por todas la diversidad corporal. Necesitamos ver no solo delgadez extrema, razas blancas, sino la vasta y real variedad de formas humanas: cuerpos que cuenten historias por sí mismos, que rompan el molde y que permitan al público reconocerse en la pantalla sin tener que aspirar a un ideal imposible.



