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Discursos de odio y complicidades: la cara oculta del doble feminicidio en Córdoba

¿Por qué el doble feminicidio de Luna y Mariel en Argentina debe importarnos? Porque los discursos misóginos se convierten en […]

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¿Por qué el doble feminicidio de Luna y Mariel en Argentina debe importarnos? Porque los discursos misóginos se convierten en climas sociales que normalizan las violencias

Por Eunice Pérez*

Buenos Aires. En Córdoba, Argentina, un doble feminicidio cometido por Pablo Laurta encendió las alarmas sobre los discursos misóginos y antiderechos que circulan impunemente en América Latina. Las víctimas, Luna Giardina de 26 años y Mariel Zamudio de 54 años —expareja y exsuegra del agresor—, fueron asesinadas en un contexto de violencia denunciado previamente y desatendido por el sistema judicial argentino.

El ministro de Seguridad de Entre Ríos, Néstor Roncaglia, definió a Laurta como “una mente criminal metódica que actuó con plena consciencia de sus actos”. A Laurta, de nacionalidad uruguaya, lo acusaron de homicidio criminis causa y lo habían denunciado por violencia de género en 2023. La justicia solo le impuso un mes de castigo y, tras esto, huyó a Uruguay. 

Las denuncias de Luna fueron ignoradas, vivió con miedo durante años, temiendo que su expareja cumpliera sus amenazas. Laurta era integrante de Varones Unidos, un grupo conocido por atacar políticas públicas de género y poner en duda las denuncias de mujeres sobrevivientes de violencia. Tras cometer los asesinatos, secuestró a su hijo Pedro, de cinco años, con la intención de cruzar la frontera hacia Uruguay. Fue detenido en un hotel en Gualeguaychú antes de lograr escapar.

FEMINICIDIO. Luna Giardina y Mariel Zamudio fueron asesinadas en su casa de Córdoba.

Tras conocerse su identidad, referentes de movimientos antiderechos intentaron desligarse públicamente de su entorno, como si sus discursos no tuvieran consecuencias materiales sobre las vidas de las mujeres. Uno de ellos es Agustín Laje, quien en 2018 compartió una charla con Laurta en el Palacio Legislativo de Uruguay para promover narrativas antifeministas. Laje, al enterarse del doble feminicidio cometido por alguien con quien compartía ideología política, intentó desvincularse públicamente, minimizando su relación y atacando, una vez más, a las denuncias interpuestas por mujeres.

ANTIFEMINISTA. El conferencista argentino de extrema derecha Agustín Laje.​ 

Pero ¿por qué este caso debería importarnos como hondureñas y hondureños? Porque cuando estos discursos misóginos cruzan fronteras sin crítica, no son palabras inocentes, se convierten en climas sociales que habilitan y normalizan violencias. En septiembre de este año, Laje visitó Honduras para dar una conferencia sobre su llamada “batalla cultural”, instando a “defender la familia, la fe, la democracia y la propiedad privada” mientras deslegitima luchas feministas y denuncias de violencia en un país con altísimas cifras de feminicidios e impunidad, incluso para personas con poder político o religioso.

Según el Observatorio del Centro de Derechos de Mujeres, entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2025, el Sistema Nacional de Emergencia 911 registró 26,519 denuncias de violencia doméstica y 30,820 de maltrato familiar en Honduras. En un país donde los feminicidios ocurren cada semana y miles de mujeres enfrentan violencias sistemáticas, legitimar voces que niegan nuestra existencia y nuestras denuncias es profundamente peligroso. Si seguimos normalizando y dando tribuna a quienes reproducen discursos misóginos y antiderechos en América Latina y el Caribe, dejamos el campo abierto para que las amenazas se conviertan en feminicidios reales, como el de Luna y Mariel.

Los feminicidios no ocurren en el vacío, germinan en terrenos abonados por discursos que niegan, minimizan y deslegitiman a las mujeres. Por eso, desenmascarar a estos referentes que se presentan como defensores de la “libertad” y la “justicia” es un acto urgente. No se trata de censura, sino de defensa de nuestras vidas.


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