Por Nazareth Gómez
México, DF. A menos de seis meses para que el Estadio Azteca, rebautizado por la reciente alianza comercial como Estadio Banorte, albergue el partido inaugural del Mundial de Fútbol 2026, los vecinos de las colonias aledañas viven una batalla silenciosa. Su conflicto contrasta con la algarabía mundialista: la falta de agua sigue siendo una realidad cotidiana que no parece resolverse con los reflectores encendidos.
Habitantes de Santa Úrsula Coapa, Pedregal de Santa Úrsula, Los Girasoles y otras comunidades de la alcaldía Coyoacán han denunciado durante años que el suministro de agua potable es irregular.
Los cortes son frecuentes y el servicio llega apenas a “un hilito” o con sedimentos. Mientras tanto, grandes volúmenes del recurso son extraídos en los predios del estadio y sus alrededores.
Televisa se adueña de pozos
La tensión aumentó cuando colectivos vecinales y la Cooperativa Acción Comunitaria Pedregales documentaron que uno de los pozos subterráneos más importantes de la zona está concesionado desde 2019 a Televisa.
Esta empresa, además de ser propietaria histórica del Estadio Azteca, posee, según registros oficiales de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el derecho a extraer hasta 450 mil metros cúbicos de agua al año.
Esa cantidad equivale al consumo aproximado de un mes para las mismas colonias que cada semana padecen la escasez.
“¡Agua para el pueblo, no para Televisa!”
Para los residentes, esta concesión no ha significado una mejora real en el abasto. Además ocurre en un contexto de obras de remodelación que incrementan la demanda del recurso.
“¡Agua para el pueblo, no para Televisa!” se lee en las consignas pintadas en murales comunitarios. Entretanto, autoridades y empresarios hablan de “enchular” la zona por el Mundial. Para críticos de la zona, las obras y el auge inmobiliario promocionado a raíz del evento solo intensifican la presión sobre un acuífero ya sobreexplotado.
Las promesas oficiales, por su parte, han ido desde asegurar que no habrá desabasto para la cita futbolística hasta afirmar que primero se atenderán “las necesidades básicas” de la población antes que recibir un torneo de talla mundial.
En busca de gestión equitativa
En audiencias públicas, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha puesto el discurso en estos términos, aunque para muchos residentes la realidad cotidiana dista de esas garantías.
“No nos oponemos al desarrollo, pero defendemos nuestro territorio”, gritaban en una de las asambleas.
Su queja va más allá de un evento deportivo: es una demanda por la gestión equitativa de un recurso esencial que, según denuncian, ha sido históricamente priorizado para intereses comerciales por encima del derecho al agua de las familias que han habitado estas tierras por generaciones.
Mientras los estadios se llenan de banderas y aficionados de todo el mundo, para quienes viven a la sombra del Azteca la fiesta parece secundaria frente a una tubería seca y a la incertidumbre de no saber si ese próximo grito de gol será acompañado por una gota de agua en casa.



