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Orgullo, exilio y resistencia: las voces de Claudia Spellman y Sofía Carbajal sacuden el silencio en Honduras

Claudia Spellman regresó del exilio para participar en las actividades del Orgullo y la Dignidad. La también defensora Sofía Carbajal planteó la pregunta más urgente: ¿cómo exigir justicia sin que nos cueste la vida?

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Por Dunia Orellana

Fotos: Dunia Orellana

San Pedro Sula, Honduras.En lo que va de 2026, 31 personas han perdido la vida de forma violenta en Honduras; 11 de ellas eran personas trans. Así lo documenta el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Red Lésbica Cattrachas. En medio de esta alerta, dos voces se alzan con la fuerza de la memoria y la exigencia. Claudia Spellman, activista trans hondureña que lleva 12 años en el exilio, regresó al país para participar en las actividades del Orgullo y la Dignidad. A su lado, la también defensora Sofía Carbajal planteó la pregunta más urgente: ¿cómo seguir exigiendo justicia sin que nos cueste la vida?

«El exilio no es un privilegio, es una necesidad», sentenció Spellman en un diálogo íntimo con organizaciones en las que participó Reportar Sin Miedo. «Salir al exilio es empezar de cero con una cultura diferente, con una alimentación diferente, con cero familia, con cero apoyo. Empezar de cero es tan complicado que muchas personas ni siquiera logran una documentación. Viven como personas invisibles, sin ningún derecho».

AVANCES. Sofía Carbajal junto a Claudia Spellman en el foro de hoy.

Conmovida pero firme, Claudia habló desde la herida abierta de quien tuvo que abandonarlo todo para sobrevivir. «Las que no lo hacen están luchando. Y las que no lo hicieron en cierto punto están en el cementerio». Su regreso a Honduras, tras años de activismo en Estados Unidos y España, no es un gesto simbólico: es un acto de resistencia. «Estoy aquí nuevamente retomando este activismo porque es importante decirle a la gente que vivir en el exilio no es fácil, es muy duro renunciar a todo».

La activista no ocultó las paradojas de habitar un país del norte global bajo el gobierno actual. «El gobierno de ultraderecha, conservador, fundamentalista, fascista y racista de Donald Trump ha perjudicado muchísimo a la comunidad transgénero y a toda la diversidad sexual». Así, desmontó la idea de que migrar hacia el norte equivale a un respiro: la precariedad, la soledad y las políticas de odio persiguen a las personas LGBTIQ+ en todas partes.

La memoria como bandera

Para Spellman, el Orgullo es «memoria y resistencia, resiliencia, justicia y esperanza». Leyó con voz firme un fragmento del comunicado del Comité de la Diversidad Sexual. «Nuestros derechos no se negocian, se garantizan. Cada historia cuenta, cada ser humano cuenta, cada identidad importa, cada orientación importa. Viva nuestro orgullo, viva nuestra dignidad», dijo.

Su mensaje es el mismo de siempre, pero cargado de una urgencia que la realidad hondureña vuelve insoportable. «Respeto, hacer incidencia por nuestros derechos humanos, el reconocimiento legal de nuestra identidad y expresión de género, y parar los crímenes de odio. Estamos en una alerta trans, una alerta LGBT. Muchas personas han sido asesinadas en este año y parece que fuera una erradicación de nuestra comunidad».

LIDERESA. La activista trans hondureña Claudia Spellman.

Claudia habla también desde la experiencia política. Fue la primera mujer trans en postularse por un partido en Honduras, un paso que califica como «pro y contra», pero que abrió una rendija. Sin embargo, hoy el panorama es desolador. «Voluntad política no existe. El gobierno de Nasry “Papi” Asfura se hace el sordo, el mudo y el ciego. Ya no estamos en el tiempo de pedir, estamos en el tiempo de exigir, porque tenemos el mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos». 

La sentencia Vicky Hernández y el caso Leonela Zelaya siguen sin cumplirse, mientras el gobierno instala una «bandera provida» a espaldas del Congreso Nacional y amenaza con buscar recursos internacionales para frenar cualquier avance en derechos.

«Me rehúso a aceptar que el Estado no nos reconozca»

En ese punto, Sofía Carbajal, de Colectivo Color Rosa en San Pedro Sula, tomó la palabra. Puso sobre la mesa la pregunta que cruza como un filo el activismo hondureño: «¿Qué hacer con esta hoja de ruta que llamo medidas de reparación? ¿Cómo continuar persiguiendo su cumplimiento, pero estando seguras, haciendo incidencia política sin que nuestras vidas peligren?».

Carbajal reafirmó la raíz del problema. «La invisibilidad viene desde que no portamos un documento que realmente nos identifique como tal. Me rehúso a aceptar que el Estado mismo no reconozca que Claudia, que cada una de las compañeras y compañeros trans, no seamos visibles«. Para ella, reparar es también hacer visibles las buenas prácticas, los errores y las políticas que se han logrado, para medir con rigor cuánto más hay que empujar.

Y entonces, con una contundencia que estremeció la sala, Sofía fue al corazón de la lucha.

«Quiero decirles: la disculpa pública, la recolección de datos oficiales, el procedimiento para el cambio de nombre… No son exigencias que estamos haciendo al Estado de Honduras porque las personas trans ya no se quieren llamar con el nombre que su padre les asignó al nacer. Es porque es una necesidad. No es algo por privilegio. Es una necesidad expedita, es una necesidad de cumplimiento inmediato».

FORO. Donny Reyes (Asociación Arcoíris Honduras) y Sofía Carbajal (Colectivo Unidad Color Rosa).

«¿Por qué razón? No hemos gozado de los derechos humanos de las personas trans. Las trans no conocen los derechos humanos. Conocemos la pírrica de los derechos humanos. ¿Por qué razón? Nos atienden cuando quieren, cuando pueden o si sobra el espacio o hay tiempo todavía para atender a la trans”.

Y señaló la silla vacía, la ausencia que gritaba más que cualquier discurso. «Ejemplo, hoy mismo no tenemos a nadie representando al Estado, y fueron llamados para conversar con nosotras. Ni siquiera lo íbamos a juzgar, porque no es como el Poder Judicial. Solamente íbamos a conversar de cómo estaba la situación de la sentencia de Vicky Hernández».

Una hoja de ruta con corazón y sin garantías

Ambas defensoras coinciden en que la ruta es seguir. «Seguir trabajando sin cesar, de cualquier manera», dice Claudia. «Hasta un comentario, una entrevista o acercarse a alguien y ofrecerle un preservativo ya puede sensibilizar. Pero si la gente está cerrada en una cultura patriarcal, machista, es muy duro». 

A pesar de la frustración, vislumbran un pequeño avance. «Antes ni siquiera nos querían atender, éramos una burla en la policía. Ahora al menos se logró un diálogo con una autoridad, se mandó un mensaje y dijeron ‘vamos a ir’. No quieren estar aquí con la presión, pero quizás en el futuro acepten una reunión privada. Es algo que antes no teníamos».

El dilema es existencial: el tiempo corre y la muerte no espera. «¿Qué garantías hay de que cuando se cansen de nuestra insistencia, todavía va a estar Sofía, Ariana, Gaby, Donny, Indyra, Dunia?», se pregunta Claudia. La respuesta la da el mismo activismo: seguir haciendo memoria, seguir señalando que detrás de cada nombre negado hay una vida, un sueño, un derecho.

El mensaje de Claudia Spellman y Sofía Carbajal para este Orgullo es tan poderoso como desgarrador: no celebran, exigen. No olvidan, honran. Y mientras Honduras acumula deudas históricas con su población LGBTIQ+, ellas demuestran que el exilio o desde Honduras, la lucha y la palabra siguen siendo, por ahora, las únicas herramientas para no desaparecer.

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