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Nueve madres orgullosas de sus hijas, hijos e hijxs LGBTI en Honduras


 

A otras mamás les han dicho que tenerlxs es un castigo. “Ojalá no te salga gay”, dicen. Hoy, en el Día de las Madres, presentamos los perfiles de mujeres que han desafiado el discurso de odio y a su comunidad para defender y amar a sus hijxs tal como son

Son nueve madres que han “salido del clóset”,  hablan de frente y con valentía sobre los seres humanos de bien que han formado y enfrentan a diario la lucha por la igualdad y la justicia en Honduras

 

Redacción: Dunia Orellana
Edición: Dennis Arita
Sistematización: Luis Vallecillo
Redes: Néstor Hernández 

 

Son nueve madres con mucho en común. Luchan al lado de sus hijxs LGBTIQ+ para hacer que la sociedad hondureña sea más igualitaria y justa para las poblaciones de la diversidad sexual. Todas han aprendido tanto de sus hijxs como ellxs han aprendido de ellas. Las nueve respetan y admiran a los seres humanos de bien que han formado.

 

“Es tiempo de que las madres con hijxs LGBTIQ+ iniciemos un cambio trascendental, primero en nosotras mismas y luego en la sociedad,” escribe Iris Rivera en un artículo para la Revista Gay Time. “Juntarnos, crear escuelas para padres y madres, apoyar en los centros de refugio para jóvenes en situación que requiere atención prioritaria, exigir que en los hospitales haya un enfoque con perspectiva de identidad de género y la creación de centros de apoyo legal para exigir el  respeto a sus derechos humanos”.

 

Nunca es tarde para comenzar a imitar el ejemplo de estas mamás que siguen acompañando, con orgullo y felicidad, a sus hijxs LGBTIQ+. Tampoco para empezar a abogar por los derechos de las poblaciones invisibilizadas en Honduras. “Yo ya comencé, soy defensora de los derechos de las personas LGBTIQ+ en mi país”, agrega Iris. “Tú decides cuándo te unes por tu hijo o hija, por ti misma. Nunca es tarde”.

 


 

 Gloria y Tatiana

Madre: Gloria Rodríguez Góchez
Hija: Tatiana Marcela Hernández
Lugar: Tegucigalpa, Francisco Morazán

Gloria Rodríguez y Marcela Hernández.
Gloria Rodríguez y Marcela Hernández.

 

La vio crecer en cuerpo y espíritu. Gloria es testigo de cómo su hija Marcela pasó por momentos duros ―el divorcio de sus padres y la salida del país antes de cumplir diez años de edad, los ataques de odio en el colegio― hasta convertirse en una mujer orgullosa y valiente, que no teme afirmar su identidad de género. 

 

Brillante, curiosa y tenaz: Marcela ya era así desde pequeña. “También muy solidaria y amiga fiel”, agrega Gloria. Cuando llegó la hora de ir al colegio hicieron el pacto de aceptar las normas y no debatir con los profesores. Ya en la universidad, Marcela se volvió combativa y “le reclamó a más de un maestro por comentarios contra la comunidad LGTBI, sabiendo que ella es abiertamente lesbiana”.

 

Tatiana Marcela Hernández en su graduación de la Universidad.
Tatiana Marcela Hernández en su graduación de la Universidad.

Al lado de Marcela, Gloria ha aprendido a tolerar a quienes creen que la orientación sexual se adquiere y puede cambiarse o que es una enfermedad. “Aprendes a quién responder un ataque de odio y a quién no”. Los ataques siempre afectan, pero ahora Gloria cuida más sus respuestas. “La tolerancia tiene dos vías: aceptar que hay personas con otras creencias y que ellas acepten que diferimos con ellas sobre género, religión, matrimonio, aborto o feminicidios”.

Las madres deben acercarse a la hija o el hijo que tienen actitudes diferentes. “Al platicar sobre sexualidad y relaciones se debe tocar el tema para que lxs preadolescentes pierdan el miedo”, propone Gloria. Por suerte, según ella, las mamás tienen un “sexto sentido” que les permite detectar lo que les pasa a sus hijos.

 


Iris, Carlos, German y Rogelio

Madre: Iris Rivera
Hijos: Carlos, German y Rogelio
Lugar: San Pedro Sula, Cortés

Iris con su hijos Carlos y German.
Iris con su hijos Carlos y German.

 

“Son maravillosos”, dice Iris Rivera de sus tres hijos gays, el periodista Carlos, el defensor de derechos humanos German y el operador de turismo Rogelio. Cuando iban creciendo, jamás los dejó solos ni los expuso a las críticas y burlas de la sociedad porque, para Iris, el deber de una madre de personas sexo género diversas es poner el amor a sus hijxs antes que cualquier otro sentimiento. “Hay que amarlos con toda el alma”, afirma.


En los años que ha tenido la suerte de compartir con German, Rogelio y Carlos, Iris aprendió a respetarlos como individuos únicos. “Les enseñé a respetar la individualidad de otros y los preparé para enfrentar los retos por sus decisiones”.

 

Con las cariñosas enseñanzas de su mamá, los tres se enfrentaron a la vida con valentía y hoy son “hombres serios, honestos y con gran compromiso social”. En el camino, Iris ha librado “una lucha sin cuartel contra la homofobia y la discriminación”, y lo hace con valentía y dignidad. Pero sabe que su batalla no ha sido en vano. “Todos ellos son triunfadores”, afirma.

 

Iris compartiendo con sus hijos German y Carlos, y el prometido de este último, Rodrigo. Foto para Reportar Sin Miedo.

 


María y Sabino 

Madre: María Félix Gámez
Hijo: Sabino Gámez
Lugar: El Progreso, Yoro

María y Sabino Gámez.
María y Sabino Gámez. Foto para Reportar Sin Miedo.

 

Orgullosa madre de seis hijos e hijas ―entre ellxs el reconocido periodista y director de la revista ÍCONOS Mag, Sabino Gámez―, María Félix Gámez da gracias a Dios por haberle permitido criarlxs a todxs hasta convertirlos en “hombres y mujeres de bien”.

 

Cada unx de sus hijxs ―Aura, Julio, Pía, Sabino, Michael y Noé Vega Gámez― tiene un sitio cálido y especial en el corazón de María. Ella les enseñó a valorar el trabajo y los vínculos familiares. Y aprendieron muy bien la lección.


Sabino y María son un ejemplo de amor. El célebre periodista jamás la ha dejado sola en Honduras y en el extranjero y durante años ha dado su apoyo incondicional a ella y sus sobrinos. La pasión por el trabajo bien hecho corre por las venas de Sabino, quien la heredó de María.

 

Según María, ni la crianza a la antigua ni el apego a las creencias religiosas son motivos para que la gente discrimine a los demás por la razón que sea. Para combatir la discriminación, María insiste en que nos informemos más y leamos mucho. De ese modo lograremos “entender por lo que pasan muchxs en su condición”, dice, “porque no somos iguales ni perfectos”.

 

Siempre con la frente en alto, María Félix Gámez ha vencido a la adversidad. “Les digo a las madres que hablen con sus hijxs y lxs apoyen. Sé que es difícil, pero todo comienza en el vínculo familiar”, dice. 

 

Sabino Gaméz en el Día de su graduación.
Sabino Gámez en el día de su graduación.

 


 

Dionisia y Kendra


Madre: Dionisia Bonilla
Hija: Kendra Jordany
Lugar: San Pedro Sula, Cortés

Kendra Jordani junto a su madre Dionisia. Foto: Reportar Sin Miedo.
Kendra Jordany junto a su madre Dionisia. Foto: Reportar Sin Miedo.

 

“He aprendido a ser la mamá de Kendra”. Esa frase de Dionisia Bonilla, madre de la  activista trans Kendra Jordany Stefany, describe de alguna manera a muchas madres de personas LGBTIQ+.

 

Son mamás que en el camino de la crianza de sus hijxs tienen que aprender mucho más que las progenitoras de personas heteronormalizadas porque han tenido que lidiar con muchos retos.

 

En el caso de Dionisia, los desafíos han servido para fortalecer el amor por su hija. El miedo a la exposición pública de Kendra es uno de los retos a los que Dionisia ha tenido que enfrentarse. “Yo lo único que le pido a mi Dios es que me la guarde dondequiera que esté”, dice.

 

Una de las cosas que Dionisia ha aprendido al lado de su hija es a no discriminar a nadie por ninguna razón. Ayuda mucho su relación, sólida como una roca, con Kendra Jordany. Para lograrlo, pasan en constante comunicación: “Siempre me atiende, esté con quien esté”, cuenta Dionisia. “Hay mucha confianza entre ella y yo”.

 

El apoyo ha sido esencial para alcanzar ese nivel de comunicación entre madre e hija.  A las mamás de personas LGBTIQ+ les pide “que las apoyen y las quieran, sean gays, lesbianas o trans. Necesitan sentir que pueden contar con una”.

Necesitan la clase de amor que ella le ha dado a Kendra. “La amo porque es mi hija. Es lo normal”, agrega Dionisia.

 

Kendra junto a sus sobrinxs. Foto Reportar Sin Miedo.
Kendra junto a sus sobrinxs. Foto Reportar Sin Miedo.

 


 

Marta y Óscar 

 

Madre: Marta Iris Osorto Baca
Hijo: Óscar Fernando Ramírez Osorto
Lugar: Orocuina, Choluteca

Martha Iris junto a su hijo Óscar Fernando. Foto para Reportar Sin Miedo.
Martha Iris junto a su hijo Óscar Fernando. Foto para Reportar Sin Miedo.

 

 

La alegría es una de las cualidades que Marta destaca en su hijo Óscar Fernando, quien es abiertamente gay. “Todo para él es bonito, no encuentra nada feo”, cuenta Marta. “Si usted le regala algo, dice ‘qué lindo, qué bello’. A su papá y a mí nos gusta andar con él”.

 

En la cálida Choluteca, en el sur de Honduras, Marta ha sabido lidiar muy bien con los retos de ser madre de una persona LGBTIQ+. Uno de esos desafíos ―el acoso― por suerte no afectó tanto a Fernando, ya que sus hermanos mayores lo protegían. «Por eso no le hicieron bullying”, relata Marta. También ella lo cuidó desde niño, cuando la voz y la forma de ser de Fernando empezaban a mostrar cuál era su identidad sexual.

 

“Nunca hablamos del tema, pero no por vergüenza. Esperamos el momento y el 31 de diciembre, cuando tenía 21 años, nos dijo: Soy gay”, dice Marta. Para ella, ese primer paso ―aceptarse― es el más importante para una persona LGBTIQ+. “El problema de los jóvenes gays es que no se aceptan y por eso la sociedad tampoco los acepta. Cuando se aceptan, ya está arreglado el problema».

 

Quererlos también es esencial para Marta. Al rechazarlos, agrega, la sociedad los rechazará. “Los padres tenemos que aceptarlos y no quererlos como con lástima, sino quererlos”. Amarlos como ella ama a Fernando, incondicionalmente, sin reservas. “No nos pudo dar Dios un mejor hijo que él. Estamos agradecidos porque Dios sabe a quién le da este tipo de personas”.

 

 

Martha Iris junto a su hijo Óscar Fernando cuando era un bebé. Foto para Reportar Sin Miedo.
Martha Iris junto a su hijo Óscar Fernando cuando era un bebé. Foto para Reportar Sin Miedo.

 


Ana y Nahil

Madre: Ana Esther Flores (QDDG)
Hijo: Nahil Zerón
Lugar: Tegucigalpa, Honduras

 

Nahil Zerón junto a su madre Ana Esther Flores (QDDG).
Nahil Zerón junto a su madre Ana Esther Flores (QDDG).

 

La madre de Nahil murió esta semana después de una larga enfermedad. Horas antes entrevistamos a Nahil para este reportaje. Su hijo, un activista de las personas LGBTI, en especial de los hombres trans en Honduras, nos dio los detalles de la maravillosa relación que tenían.

 

“La abeja multicolores de la familia”. Así se define el activista de la Red Lésbica  Cattrachas y hombre trans Nahil Zerón. Su madre, Ana, fue un engranaje determinante en la manera idónea en que la familia tomó la transición de Nahil. “Ella me ayudó mucho cuando desde pequeño tuve problemas con la ropa femenina”, relata Nahil. “Ella lo tomaba como un juego”.

 

Ana jamás presionó a Nahil a tomar un rol de género. “Me permitía [vestirme] con jeans, camisetas y tenis. No me gustaban las muñecas, siempre eran carros”. Al principio, Nahil salió del clóset como lesbiana y cuando Ana se dio cuenta por otras personas, fue un choque para ella. “Lloró mucho y dijo que no entendía qué estaba pasando”.

 

Luego del desconcierto inicial, Ana se volvió “cómplice” de Nahil. Todo empezó cuando los padres de la pareja de Nahil le prohibieron que lo viera. “Mi mamá buscaba lugares para encontrarme con mi pareja”, relata Nahil. Cuando los padres de su pareja insistieron en llevarlas a la consulta de una psicóloga cristiana, Ana se opuso porque sintió que estaban culpando a Nahil solo por ser quien es.

 

Ahora, Nahil sigue su camino como hombre trans, a pesar de lo difícil que le resultó a Ana aceptar de primas a primeras el nuevo paso en su vida como persona LGBTIQ+. El primer paso en su transición fue la mastectomía en Guatemala.

 

Cuando regresó de operarse, se encontró con una imagen imborrable: la de su madre  y su hermana esperándola en el aeropuerto con el letrero “Bienvenida, Nahil”. Fue la aceptación definitiva. “Fue como si volviera a abrazarme”, dice, emocionado, Nahil.

 

La bienvenida que le hizo doña Ana a Nahil.
La bienvenida que le hizo doña Ana a Nahil.

 

Ilustración de Cattrachas.
Ilustración de Cattrachas.

 


 

María y Edgardo

 

Madre: María Lidia Portillo
Hijo: Edgardo Osorio
Lugar: Alicante, España

Edgardo junto a su madre María y su esposo Ricardo el día de su boda en Madrid, España.
Edgardo junto a su madre María y su esposo Ricardo el día de su boda en Madrid, España.

 

Humano como todos. Esa es la forma como se ve a sí mismo Edgardo Osorio, nacido en San Marcos de Colón, Choluteca, en el sur de Honduras. De 70 años de edad, Edgardo vive en Alicante con Ricardo Romeo, su esposo español desde hace más de 40 años, y su madre María Lidia Portillo, de 95.

 

Su madre fue la madrina de su boda y ella siempre lo ha querido y aceptado tal como es. “Me apoyan y están orgullosos de mí”, dice Edgardo. De su madre aprendió a luchar y respetar a los demás. Lidia se considera una defensora de los derechos de las personas LGBTI y las mujeres.

 

A los tres meses de que el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero promulgara la Ley de Matrimonio Igualitario en julio de 2005, Edgardo y Ricardo se casaron.

 

“Es una lástima que la gente nos vea la forma como nos ven o nos tildan en Honduras porque somos personas humanas, como todos, unos buenos y otros malos. De todo”, dice Edgardo. “No creo que, por ser homosexual o gay, alguien sea diferente. Me considero una persona normal”. 

 

Edgardo junto a sus padres en San Marcos de Choluteca, Honduras.
Edgardo junto a sus padres en San Marcos de Choluteca, Honduras.

 


 

 

Emys y Kendra

 

Mamá: Emys Hernández
Hija: Kendra Rubio

Lugar: El Progreso, Yoro

Emys Hernández junto a su hija Kendra Rubio. Foto para Reportar Sin Miedo.
Emys Hernández junto a su hija Kendra Rubio. Foto para Reportar Sin Miedo.

 

Luchar, continuar adelante porque la vida no se detiene y sentirnos bien con nosotrxs mismxs son las claves en la vida de la activista trans Kendra Rubio, de 23 años.

 

Además de su actitud, para Kendra ha sido determinante la presencia de su madre, Emys Hernández. “Mi mamá siempre estuvo conmigo antes de que yo comenzara la transición. Cuando empecé a dejarme crecer el pelo, ella me compraba los vestidos”, cuenta Kendra.

 

Emys es una madre decidida a la que no le importaba lo que dijeran los demás.

Cuando Kendra empezó su transición hace cinco años, Emys desechó las opiniones ajenas y junto con su hija empezaron a luchar por sus sueños.

 

“A pesar de todo lo que ha pasado, aunque casi no nos vemos y a veces las cosas no salen como una quiere, ella siempre va a estar para mí y yo para ella”, dice Kendra. “Es el amor de mi vida”. 

 

 


 

Rosa y Vicky

 

Mamá: Rosa Hernández
Hija: Vicky Hernández (QDDG)
Lugar: San Pedro Sula

 

Mamá de Vicky Hernández. Foto: Reportar Sin Miedo
Mamá de Vicky Hernández. Foto: Reportar Sin Miedo.

 

“Vicky fue todo para mí”, cuenta doña Rosa, quien crio a sus siete hijas e hijos vendiendo dulces en las calles. Vicky fue asesinada entre la noche del 28 y la madrugada del 29 de junio en pleno golpe de Estado contra Manuel Zelaya.

Doña Rosa lleva 11 años esperando que se haga justicia por la muerte de su hija. Las organizaciones como la  Red Lésbica Cattrachas y Robert F. Kennedy Human Rights la han apoyado a la familia.

 

La labor de 11 años culminó con dos audiencias virtuales en noviembre de 2020 ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En ambas audiencias participaron testigas hondureñas y expertxs de toda América que dieron su punto de vista sobre el caso.

 

La sentencia en el caso “Vicky Hernández y otros contra Honduras” será publicada muy pronto. Vicky ejercía el comercio sexual para dar dinero a su familia. Como a otras trans, la sociedad hondureña le cerró los caminos: no le dio un trabajo normal, la despreció, no le ofreció los servicios de salud, educación y empleo que da a lxs demás ciudadanxs. Tuvo que viajar a Guatemala a los 16 años de edad para empezar su transición.

 

A Rosa le costó aceptar que Vicky era distinta, pero terminó aceptándola y sintiéndose orgullosa de ella.

 

 

Ilustración de Vicky Hernández realizada por Cattrachas.
Ilustración de Vicky Hernández realizada por Cattrachas.

 

 


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