El expresidente hondureño condenado por narcotráfico y luego indultado se declaró «un hombre libre». Además JOH atacó a la izquierda radical, al «Estado profundo» y agradeció al presidente Donald Trump por un perdón que «nunca olvidará»
Por Redacción de RSM
Tegucigalpa, Honduras. Con la solemnidad de un sermón y la contundencia de un manifiesto político, el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (JOH) pronunció sus primeras palabras públicas tras quedar en libertad. Su discurso, un denso entramado de agradecimientos divinos, denuncias de conspiración y reivindicación de su legado, marcó el inicio de su batalla por reescribir su historia.
”Gracias, Señor”
La piedra angular de su relato fue la fe. «Dios es bueno. Gracias, Señor. Tuviste la injusticia y el sufrimiento y en tu infinita misericordia nos ayudaste. Gracias a ti, Señor, hoy yo soy un hombre libre», comenzó, estableciendo un tono de redención divina. Aseguró que su liberación era la respuesta a años de oración: «Jamás perdí la fe. Este perdón es la respuesta a años de oraciones sinceras».
Después de Dios, Trump
Pero inmediatamente después de Dios, llegó el agradecimiento terrenal y políticamente explosivo: a Donald Trump. «Mi profunda gratitud al presidente Donald Trump por tener el coraje de defender la justicia y cumplir su promesa», dijo, acusando a anteriores administraciones de persecución política. «Usted cambió mi vida, señor presidente. Y eso yo nunca lo voy a olvidar».
Sin embargo, el núcleo de su intervención fue una compleja teoría de conspiración. Hernández se presentó como la víctima de una maquinación orquestada para destruirlo. «Hoy debo decirlo, con mucha claridad: fui víctima de una conspiración de la izquierda radical», afirmó, acusando no solo a fuerzas de Honduras y otros países, sino también a «funcionarios del gobierno de la administración Biden y de participantes del estado profundo».
Según su versión, el juicio que lo condenó por narcotráfico –del que no mostró arrepentimiento– fue una farsa. «El juicio que enfrenté fue fundamentalmente manipulado, construido sin evidencias», sostuvo, desacreditando el testimonio de narcotraficantes que declararon en su contra. «Se ocultaba evidencias… se enterraron informes oficiales que destacaban mi inocencia».
Una vuelta de tuerca
En un giro argumental, defendió con fiereza su gestión en seguridad, presentándose como un cruzado contra el crimen que se ganó enemigos poderosos. «Con plena conciencia de los graves riesgos personales y políticos, tomé la decisión de enfrentar al crimen organizado», dijo, citando la polémica reforma de extradición y una cooperación histórica con Estados Unidos. Acusó a la izquierda y a los cárteles de aliarse para «destruirme» y desviar la atención de la «verdadera narcodictadura que representan sus socios y aliados en el régimen de Venezuela».
Su tono se tornó desafiante y nacionalista al dirigirse a Honduras. «En Honduras sabemos quién es quién. Sabemos quién ha servido y quién ha destruido. Por eso es prohibido olvidar», clamó, negando que su mandato fuera una «narcodictadura». «No hubieron 12 años de narcodictadura. Lo que hubieron fueron 12 años para reconstruir un país».
El discurso cerró como empezó: entre Dios y Donald Trump. Agradeció nuevamente a Trump por «reconocer la injusticia» y por «las fuertes palabras muy claras al pueblo hondureño». Finalmente, con un versículo bíblico, Juan 8:32 – «Y conocerán la verdad y la verdad os hará libres» –, JOH selló su regreso a la escena pública no como un convicto perdonado, sino como un mártir político en busca de vindicación. «Hoy comienzo la tarea de asegurarme de que finalmente esa verdad sea escuchada», sentenció, anunciando una nueva batalla, esta vez desde la libertad.
No viralizar a JOH
Iolany Pérez en un espacio informativo de Radio Progreso tomó la decisión de no reproducir ni difundir el discurso reciente de Juan Orlando Hernández. Consideró que otorgarle una plataforma para que niegue la profunda crisis en la que sumergió al país —durante su control del Congreso Nacional y sus ocho años de gobierno— sería una falta de ética periodística y falta de respeto a las víctimas.
El indulto concedido por Donald Trump, un acto político cuestionable, no borra la realidad de los graves señalamientos en su contra, entre ellos, la responsabilidad señalada por el Alto Comisionado de los Derechos Humanos en la muerte de 23 personas, el encarcelamiento de defensores de derechos humanos y la represión desatada, particularmente durante la crisis poselectoral de 2017.
Para López, de Radio Progreso, la omisión es un acto deliberado de memoria. Repetir sus palabras y viralizar su video sería validar su intento de negar los doce años de narcodictadura, de inseguridad y de precariedad que vivió Honduras. Ella invita a “no olvidar”, y asume ese llamado: no olvidaremos que sus deudas con la justicia hondureña siguen pendientes.
Mientras JOH proclama su libertad, Radio Progreso llama al Ministerio Público a cumplir con la obligación de seguir todas las líneas de investigación en su caso porque el perdón político no es sinónimo de inocencia ni de impunidad ante la historia.



