El ceibeño Confucio Montes de Oca, muerto en plena juventud, es considerado un padre de la moderna pintura hondureña
Por Mario R. Argueta*
Tegucigalpa, Honduras. El pintor y escritor hondureño Confucio Montes de Oca, nacido y fallecido en La Ceiba (1896-1925), conmemorando este año el centenario de su prematuro deceso a los veintinueve años, pertenece cronológicamente a la generación de artistas del pincel de la década de los novecientos veinte, que incluyó a Pablo Zelaya Sierra, Max Euceda, Carlos Zuñiga Figueroa, Horacio Reina y el escultor Samuel Salgado.

Fue en la segunda década del siglo XX cuando ocurrieron los primeros pasos para profesionalizar las artes plásticas en Honduras. Ante la carencia de centros especializados en el país, los artistas debieron realizar estudios fuera de su patria, especialmente en Europa, donde fueron influenciados por las distintas escuelas y corrientes prevalecientes en su época, entre ellas el impresionismo y cubismo.
Confucio Montes de Oca partió al Viejo Continente, aún en proceso de reconstrucción tras la conflagración de la Primera Guerra Mundial, merced a una beca que a los pocos meses le fue retirada, lo que no le impidió continuar su aprendizaje autodidacta en Francia y posteriormente en Italia, sobreviviendo en condiciones de penuria, de 1919 a 1925, lo que facilitó ser contagiado de tuberculosis, causa de su fallecimiento al poco tiempo de haber regresado a su ciudad natal.
Previo a esta época, la plástica nacional se caracterizaba por el autodidactismo. El retorno al país de estos artistas, nacidos a finales del siglo XIX, infundió dinamismo a la plástica nacional, marcó una nueva etapa y constituye fuente de inspiración para las subsiguientes generaciones.
Pablo Zelaya Sierra (1896-1933) y Confucio Montes de Oca, ambos muertos en plena juventud, poseen vidas paralelas y son considerados los padres fundacionales de la moderna pintura hondureña.
Pocos cuadros sobreviven actualmente a la obra creativa de Montes de Oca: El forjador, con el que fue galardonado en París en 1921; Safo; Callejón; Yo, cuadro de carácter autobiográfico, que en opinión de Leticia Silva de Oyuela dejó presente en esa obra “el holocausto de su vida por el arte. Allí sintetizó, con su grito, la aspiración humana mortificada por la prosaica realidad de un siglo fundamentalmente industrial y mercantil que busca anular el ansia de individualización del ser humano».


En 1924, en Italia, anunció la publicación de unas reflexiones sobre la relación entre arte y sociedad, lamentablemente extraviadas. Otra faceta de su talento innato fue la de escritor, dejando testimonio de su vocación literaria, recuperada parcialmente, originalmente publicada en periódico ceibeño, en cuentos y bosquejos de novela, que aparecen en la segunda edición ampliada de la obra de mi autoría Confucio y Zoroastro Montes de Oca: el pincel, la pluma y el martillo, publicada a finales del presente año.

Bibliografía
Argueta, Mario R. Diccionario de artistas plásticos hondureños. Tegucigalpa, Subirana, 1996.
Argueta, Mario R. Confucio y Zoroastro Montes de Oca: el pincel y el martillo. Tegucigalpa, Cattrachas, 2025.
Enciclopedia de Honduras. Barcelona, Océano, 1982.
Generaciones que marcaron huellas. Antología de la colección de arte del Banco Central de Honduras. Tegucigalpa, BCH, 2007.
Oquelí, Ramón. Los hondureños y las ideas. Tegucigalpa, Universitaria, 1985.
Mario R. Argueta (Chimaltenango, Guatemala, 1946). Llegó a Honduras a los 9 años. Licenciado en Historia, Maestría en Historia y Maestría en Bibliotecología. Fue catedrático de la UPN y la UNAH. Premio Nacional de Ensayo Rafael Heliodoro Valle, Premio Nacional de Ciencias y Premio de Estudios Históricos Rey Juan Carlos I.
Entre sus muchas obras: Tiburcio Carías. Anatomía de una época, Historia de los sin historia, Ramón Villeda Morales. Luces y sombras de una primavera política, Diccionario crítico de obras literarias hondureñas, Juan Manuel Gálvez: su trayectoria gubernativa, Tres caudillos, tres destinos.



