Por: José Manuel Serén
Fotos de José M. Serén y Hospital Escuela
Tegucigalpa, Honduras. Entrar a la sala de labor y parto del Hospital Escuela Universitario se ha convertido en una auténtica película de horror. Así lo aseguran 123 mujeres hondureñas que trajeron una nueva vida al mundo en este centro hospitalario.
Lo que debería ser el momento más sagrado de la vida se transforma en un calvario de tortura psicológica, gritos y humillaciones sistemáticas. El parto se convierte en una experiencia marcada por la vulnerabilidad y el abuso.

Según los testimonios, el maltrato es la «rutina» y la dignidad humana es pisoteada por quienes juraron salvar vidas. Para cientos de mujeres, víctimas de un sistema sanguinario, las paredes del Hospital Escuela ocultan el dolor, el silencio y las marcas que esta experiencia les ha dejado.
Según la reciente investigación Experiencias sobre violencia obstétrica, del Centro de Derechos de la Mujer (CDM), más del 72% de las pacientes atendidas en este centro asistencial han sido víctimas de violencia obstétrica.
El estudio, que recogió los testimonios de 123 mujeres y la perspectiva de 62 profesionales de la salud, no sólo arroja cifras alarmantes, sino que además desnuda un sistema donde el maltrato físico y psicológico se considera ya como una norma para las instituciones de salud pública.
Experiencias-sobre-violencia-obstetrica-en-el-Hospital-EscuelaLas voces tras las cifras
La investigación, liderada por la doctora Pavlova Polanco y la investigadora Lara Bohórquez, se aleja de los «números fríos» para dar voz a las mujeres que relataron sus vivencias en las etapas prenatal, de parto y posparto.
Los hallazgos son contundentes: más del 33% reportó violencia verbal, seguida por la violencia simbólica con más del 21% y la institucional con 19%.
Gritos, falta de información sobre los procedimientos, esperas interminables y la restricción absoluta a estar acompañadas son las cicatrices invisibles que estas mujeres se llevan a casa junto a sus recién nacidos.
«Lo que más impacta no es el número», explica la doctora Polanco, «sino la normalización. Muchas mujeres no identificaron que eran víctimas hasta que se les hicieron preguntas específicas sobre experiencias concretas».
El muro de la impunidad y el desconocimiento

Uno de los puntos más críticos señalados por el CDM es el abismo informativo. El 93% de las mujeres encuestadas confesó no saber cómo ni dónde interponer una denuncia.
Esta falta de conocimiento, sumada al miedo y a la impunidad imperante, garantiza que el ciclo de abuso se repita sin consecuencias.
Dentro del Hospital Escuela, la denuncia debería tramitarse a través de la Unidad de Atención Integral al Paciente o Medicina Legal.
No obstante, en la práctica, los mecanismos son inexistentes o inaccesibles para una mujer que acaba de atravesar un trauma obstétrico.
«La mayoría de las personas no sabía cuál era el procedimiento», detalla la investigación. Ante esto, se propone la urgencia de mecanismos de denuncia anónimos y virtuales, como encuestas vía WhatsApp, que protejan la confidencialidad de la víctima.

Profesionales, entre la rutina y la justificación
El informe también consultó al personal médico, desde estudiantes hasta especialistas. Aunque la mayoría conoce el concepto de violencia obstétrica, el reconocimiento de su propia responsabilidad es escaso.
Muchos profesionales justifican comportamientos inapropiados, tildándolos de «parte de la rutina médica» o culpando a las pacientes por una supuesta «falta de colaboración».
Lara Bohórquez, del CDM, recalca que la infraestructura del Hospital Escuela no es sólo deficiente; es un escenario de carencias que facilita el trato indigno. Al no existir leyes integrales ni mecanismos de vigilancia real, el gobierno se convierte en cómplice silencioso de cada grito y cada acto de tortura ocurrido en las salas de labor y parto, afirmó la investigadora.

La situación grave exige más que diagnósticos
El CDM hace un llamado urgente para implementar medidas que incluyan capacitación intensiva al personal de salud en partos humanizados, infografía y señalización clara en las salas de labor y parto sobre los derechos de las pacientes. Además demanda la creación de mecanismos de denuncia efectivos, seguros y confidenciales, así como la aprobación de una ley integral contra la violencia hacia las mujeres.
La violencia obstétrica es, según los expertos, una forma de tortura psicológica y física que debilita la confianza en el sistema de salud.

Mientras la sociedad hondureña siga normalizando el maltrato en el momento más vulnerable de una mujer, el Hospital Escuela seguirá siendo un escenario de traumas en lugar de un recinto de vida.
Esta violencia no es sólo palabras. Expone también cicatrices profundas, relatos de 123 voces que describen un ambiente hostil donde el maltrato psicológico y la falta de información son las armas principales en un alarmante nivel de indefensión.
Las mujeres huyen a sus casas tras el parto, deseando olvidar la pesadilla en lugar de buscar justicia en un sistema que parece diseñado para ignorarlas.



